18/3/08

Mi propia leyenda personal

Hacía tiempo que no dedicaba parte de mi tiempo a escribir, quizá porque duele viajar a mi interior tan amenudo, quizá porque planeba una huída hacia un misterioso lugar… La puerta continúa abierta al cambio, a todo tipo de movimiento que genere ese aire alentador que nutre tu alma de energía, de luz, pero con el sentido de la vida anulado por no vivirla me atrevo a decir que pocas cosas han cambiado, el ritmo es lento…

En determinados momentos sigo teniendo miedo, frío, dudo, y repaso mi andadura… Hay esperanza, ilusión, sueños… Eso siempre. Afortunadamente, y aunque cueste, hace unos meses que por fin supe que yo también poseo el don de fabricar sueños, ser la protagonista de mi propio cuento de hadas. Porque aunque hoy en día se han perdido muchos valores, y en ocasiones doy pasos hacia el abismo, sé que todavía se conserva la inocencia, el poder imaginar, crear ese reino del que sólo nosotros somos principes y princesas.

Pero… ¿Cómo no desmoralizarse? Porque sí, es muy bonito crear leyendas imaginarias, no dejar de perseguir lo que uno desea, pero… ¿Qué pasa cuando esas utopías no llegan a convertirse ni en verdades prematuras? Desgraciadamente ya no podemos tomar decisiones, elegir, soñar, como cuando eramos niños, porque estamos sujetos a una serie de comportamientos, miedos, tipologías, que inconscientemente nos encaminan a ser miserables hasta en nuestros propios sueños. Y esto si que es duro…

Nuestra vida es un misterio, una leyenda, y cada paso un nuevo argumento, una batalla, un fracaso, un reto, una alegría, infinitas cosas más. Pero hoy en día no podemos ser todo lo libres que necesitamos ser, hablo de la libertad interior, de la libertad de ser, de lo que cuesta elegir sin condiciones, sin miedos… ¿Qué quieres ser? ¿Eres feliz? ¿Dónde quieres llegar? ¿Qué cambiarias?

Todos estos pensamientos se encuentran en nuestro cofre, del que sólo nosotros tenemos la llave, la clave, que condicionada o no, irá creando nuestra propia leyenda, nuestra vida.
Y yo aquí sigo, preguntándome cuándo empecé a construir mi propia cárcel, cuándo empecé a levantar uno a uno los barrotes que ahora me impiden ser yo misma. Y sí, aquí sigo, en primera línea de combate, luchando… ¿Con qué armas? Con la alegría, con la motivación, con la sinceridad, con la humildad, con las risas, con el positivismo, con las ganas de disfrutar. Creando pensamientos positivos, porque de no ser así, el pensamiento seguirá generando vibraciones que si son negativas harán de nuestro universo un universo caótico. Y yo quiero un universo feliz.
Y a mi alrededor siguen pasando horas, rostros… A mi al rededor observo que vivimos en un mundo donde todo se mueve, todo gira, no hay líneas rectas, ¿a caso veis alguna línea recta entorno a vosotros? Buscarlas, pero no las hay… Es inútil buscar el camino fácil, inútil gastar fuerzas en buscar la línea recta en lo que uno hace. Por ello, todo con lo que tropezamos día a día caminando por nuestro sendero presentándose como problemas, como obstáculos que nos separan de nuestra meta, no son otra cosa que oportunidades, posibilidades de cambiar el rumbo, porque todo es dinámico. Me cuesta asimilarlo, pero lo estático es una ilusión, un momento en el que te detienes, piensas y continúas… soñando, imaginando, creando, actuando…

Y es que cada elección, cada hecho, cada cosa que pasa tiene una finalidad aunque ésta se disfrace de sinsentido. Cada vez creo más en el destino, en esa magia que nos envuelve por A o por B, para bien o para mal.
Y a día de hoy, siendo consciente de que por el sendero de mi leyenda personal he tenido que atravesar grandes montañas sola, valoro ésta oportunidiad de haberme hecho más fuerte todavía, valoro ésta oportunidad de haber aprendido, porque alfinal de la meta algo bueno me espera… Sé que a ambos lados de la vía crecen estaciones.

Y ahora, en mi despejado camino, tan sólo alguna piedra desprendida que dificulta un poco mi libertad y mi convencimiento entorpece mi plena felicidad, pero quiero y voy a conseguir dejar el terreno tan liso como para poder deslizarme y coger velocidad para volver a soñar con esa intensidad y ansiada libertad de ser…



Vida