13/7/08

Historias de amor

Durante ésta semana he escuchado miles de veces ésta canción; “La huida”. Ya la conocía desde hace mucho tiempo, es una de las bonitas historias que mi amigo Isma consiguió relatar a la perfección unido a una música que a mí personalmente me llena de ternura.
Hoy, volando de Santander hacia nuestra hermosa ciudad he sentido la necesidad de volver a escribir, sobre ésta canción, sobre mí, sobre cosas que me rodean….

Me gustaría volver a ser protagonista de una bonita historia de amor.
No hace mucho lo comentaba con una persona que siento que es amigo, le comentaba que húyo, que mantengo distancias, inconscientemente, pero al mismo tiempo muy consciente del por qué, tengo miedo, lo sé. Comentaba con él que ya no se trata de comparar situaciones o momentos de tu vida en los que has sido muy feliz, eso no está bien y nunca me ha gustado hacerlo, no me parece ético. Se trata más bien de que sigo considerando que lo que yo tenía era mucho, y aunque tuvo un desenlace más que doloroso, en vistas a mis útimas experiencias todavía dudo que se pueda parecer.
Alcanzar un grado alto de complicidad, confianza y entrega es complicado y ahora a mi más que nunca me cuesta un sobreesfuerzo, me siento poco capaz de crear ese ambiente relajado en el que escuchas hasta con el alma.
Directamente me encierro en mi burbuja en la que todo rebota e igual que llega se va…
El amor me regaló la oportunidad de vivir unos años que recuerdo con cariño, pero lo que un día hizo sentirme la mujer más feliz del mundo, es lo que hasta el día de hoy ha causado más daño en mi más profundo ser.

Por ello me sumerjo en canciones tales como “La huida”, “La extraña pareja”, “Pequeña criatura” o “Sesión continua”. Guardando distancias y manteniendo mi corazón a salvo disfruto de otras historias de amor, que cercanas o lejanas resaltan mi lado sensible y cariñoso del que me siento muy orgullosa y espero poder volver a compartir algún día con esa persona que sea capaz de generar la confianza, la humildad y el amor que en realidad y ya sin ninguna prisa tanto ansío…
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LA HUIDA


Ella tiene quince primaveras, pocas mentiras que contar,
dos pendientes de primero y aún no ha visto el mar.
Mientras lo espera sobre la acera, se derrumba el mundo.

Él tiene dieciseis agostos y una nube que robó,
y versos de Extremoduro volando en la habitación.
Mientras la sueña copia un poema que luego hará suyo.


Y como cada tarde, la ciudad se detiene en el instante
en el que él la pasa a recoger.
"¿Qué tal en clase?". "Llegaste tarde". "No me riñas, ven".


Y ella aprieta contra el pecho la carpeta, y en el cielo
anémonas de humo, antenas de coral.
"Si quieres, mi vida, te rapto yo un día, te llevo a ver el mar".


Una tarde como otra cualquiera él la pasará a buscar
con el alma en un pañuelo, con el coche de papá.
"Sube al barco, niña. Ésta es la huida que te prometí".


Ojalá que tengan suerte, tal y como lo soñamos,
y al paraíso les lleve la Nacional 4.
"Amor, ¿por qué lloras? ¿Qué es lo que te pasa?" "Será que soy feliz".


Y nada más pasar Despeñaperros se les echa encima el sueño
y las ganas de compartir sudores.
"Paro y nos dormimos". Fuera queda el frio con la oscura noche.


Al rato, el coche queda lleno de vahos y de vuelos,
en playas infinitas, carretera sin fin.
Arenas desiertas, mil atardeceres que acaban en ti.


No será la luz del alba lo que los despertará,
ni una gran ola rugiendo, no será el olor a sal:
una pareja de picoletos pegándoles voces.


Como el cristal de los sueños, de camino al cuartelillo.
Se han quebrado un par de vidas entre broncas y gritos.
¿A quién se le ocurre? Se deshace una nube y una ola se rompe.


Y ya de vuelta a la ciudad, donde nunca sabe a sal,
la piel y la lluvia, que a veces te besa,
se van para casa, escuchan aullidos, golpes que no cesan.


Los viejos les prohibieron la salida, el tiempo fue arando sus vidas,
quemando poemas, carretera sin fin.
De vuelta hacia casa mil atardeceres que acaban sin ti.


La ciudad se siguió derrumbando, en la acera mientras tanto
anémonas de humo, antenas de coral.
Él se pierde en la bruma, ella sólo recuerda cuando mira el mar.


Le asalta la duda de estar viva y recuerda alguna huida
cuando aún no sabía mentir.
"Amor, ¿por qué lloras? ¿Qué es lo que te pasa?" "Será que soy feliz".


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Ismael Serrano