5/8/09

Raíces

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A mi abuelo Miguel.
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Cómo pasa el tiempo, mucho más rápido que el recorrido de una ardilla temerosa en busca de refugio en un árbol frondoso.
Parece que fue ayer cuando cada medio día me esperabas en la puerta del colegio para llevarme de la mano a comer junto a la abuela. No sabes cuánto recuerdo esos paseos, esa cariñosa ruta en la que cogida de tu mano soñaba y volaba con ser mayor, crecer, y poder realizar cosas que hasta el momento eran inalcanzables.
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De tu mano y con tu ayuda saltaba los árboles de la acera, uno a uno. Recuerdo ese camino de ida y vuelta como si fuera ayer…
Árboles que hoy en día suelen convertirse en obstáculos o zanjas de difícil salida, porque ya no soy una niña, porque ya no quiero ser mayor, porque los sueños ya no nacen de una sonrisa…
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Todo era distinto desde mi pequeña estatura, desde la ingenuidad de no saber las repercusiones de mis actos, desde el abrigo incondicional de tus profundos y grandes ojos negros.
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Miro al norte y siento tu mano, y cada vez que un nuevo obstáculo intenta desviarme del camino me agarro a ella y simulo que vuelo mientras me despojo de todo aquello que me impide continuar en busca de la ansiada felicidad, ese instante eterno pero fugaz que un día junto a ti experimenté.
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Una noche ganó tu batalla, y aunque me faltaban dedos en ambas manos para sumar mi edad, desapareciste demasiado pronto, tan pronto que no tuve tiempo…
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TQ
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Vida
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