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Para todos los cobardes que sí culpan al destino.
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Me levanto sin arrastrar el peso del surco que dejaste en mi colchón y mi sombra permanece a mi lado radiante, estática, pero a su vez, desafiante, como si intentara retarme ante tal osadía de no haberte soñado esta noche tras 937 días de rutina.
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Me llamas y me cuentas lo que ha pasado. Mi reflejo en tus pupilas se desvanece como los pequeños ríos que irritan mis mejillas. Es justo en ese momento cuando vuelve la inestabilidad a mi latido que envuelto en nostalgia tiembla de fiebre roja.
Me llamas y me cuentas lo que ha pasado. Mi reflejo en tus pupilas se desvanece como los pequeños ríos que irritan mis mejillas. Es justo en ese momento cuando vuelve la inestabilidad a mi latido que envuelto en nostalgia tiembla de fiebre roja.
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Y me pregunto por qué los sentimientos cambian de dirección de la noche a la mañana. Y no pasa nada si mis huellas ya no aceleran tus emociones, o si tus pasos sólo alumbran ese callejón sin salida. Qué más da todo lo vivido si mi pulso adolescente ya no sirve de compás en ninguna letra de cantautor... Si los planes trazados ya cambiaron de vía y ahora esperan otro tren.
Y me pregunto por qué los sentimientos cambian de dirección de la noche a la mañana. Y no pasa nada si mis huellas ya no aceleran tus emociones, o si tus pasos sólo alumbran ese callejón sin salida. Qué más da todo lo vivido si mi pulso adolescente ya no sirve de compás en ninguna letra de cantautor... Si los planes trazados ya cambiaron de vía y ahora esperan otro tren.
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Y siento que no hay eco capaz de respondernos a por qué lo eterno ahora es temporal, a por qué la lluvia no despoja el egoísmo, a por qué en el menú de hoy el corazón es de sabor amargo...
Y siento que no hay eco capaz de respondernos a por qué lo eterno ahora es temporal, a por qué la lluvia no despoja el egoísmo, a por qué en el menú de hoy el corazón es de sabor amargo...
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No hay respuestas ni consuelo para lo que un día te da alas y en menos de un suspiro te las arrebata.
No hay respuestas ni consuelo para lo que un día te da alas y en menos de un suspiro te las arrebata.
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Entonces, ¿Qué más da si poco a poco nos evaporamos al ritmo de la inestabilidad de los latidos?
Entonces, ¿Qué más da si poco a poco nos evaporamos al ritmo de la inestabilidad de los latidos?
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Vida
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7 comentarios:
"...qué más da si poco a poco nos evaporamos al ritmo de la inestabilidad de los latidos?"
Porque se vive con el corazón incomunicado,en peligro de muerte esperando la sentencia o la gracia. porque se vive con el corazón alerta y es imposible conjurar al todavía, ni pedirle que aguarde al mientras tanto.Hay que salir ahí y dar "la cara", pase lo que pase.
Un abrazo de rebajas. Sabela (Me tienes enganchada a tus escritos)
Y todo fluye de forma improvisada e imprevista, porque nada es como uno quiere, sino como es...
Es la vida sorprendente y sorpresiva.
Un beso
Sabela, "y es imposible conjurar al todavía, ni pedirle que aguarde al mientras tanto", me quedo con esas palabras que son otro claro ejemplo de la inestabilidad de los latidos. Gracias :)
Antonio, qué difícil admitir eso, que es como es, no como uno quiere... Gracias por leerme y pasarte por aqui.
Has vuelto. Echaba de menos leerte, y tb echo de menos otras cosas...
Hermoso.
Un beso muy grande
Todo es inestable...
Saludos.
Un hermoso poema
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