24/10/08

Un atardecer en Zaragoza

Coincidencias. De camino a Zaragoza comencé a leer "A orillas del río Piedra me senté y lloré", de Paulo Coelho. Trata sobre el amor, y cómo no, no me ha dejado indiferente. Lo recomiendo a aquellas personas que al igual que yo siguen creyendo que el amor existe, a aquellas personas amantes de las grandes historias de amor. Nunca un libro me ha hecho sentir tantas cosas al mismo tiempo, y mucho menos ha causado en mí la imperiosa necesidad de no poder dejar de leer.

Tuve que combinar las casi cinco horas de ida en tren con asuntos de trabajo. Por ello, me quedaron unas treinta páginas que posteriormente leí en el hotel.

Me sumergí de una manera extraña en ese río, en la historia de Pilar, que casualmente vivía en Zaragoza. Concidencias.
Me enfadé por no poder terminar de leer aquella bonita historia cuando quise. Y ello me tuvo en vilo toda la tarde. La historia se quedó en un punto importante y, pesimista de mi, sólo se me ocurrían oscuros y dramáticos finales. Quizá porque últimamente sólo veo finales felices en las películas, y ya prácticamente ni eso...

Esperando poder marcharme al hotel, pude ver atardecer en Zaragoza. Desde un onceavo piso, con unas vistas excelentes de la ciudad, vi como el cielo cambiaba de color pasando por una multitud de tonalidades hasta alcanzar la oscuridad. Me recordó muchas cosas ese atardecer, me sentí afortunada de haberlo visto, y pensar que Pilar también lo podía estar viendo junto al hombre que amaba.
Entre tantos pensamientos bonitos y acomodada en mi nube de olor a fresa, también pensé; buf, ¡que frío debe hacer ahora que se ha ido el sol! ¡Y yo sin abrigo! Pero eso era lo de menos...

Por fin terminó mi jornada laboral y me fui directa al hotel, hacía mucho frío y estaba agotada.
Llegó mi momento, cené, cogí una manta del armario y me senté en el amplio y rosado sofá de la habitación. Y me dije a mí misma, ánimo, ¡que el amor es bonito!
Al cabo de unos minutos y tras leer la última línea, cerré el libro, lo apreté contra mi pecho y suspiré. Pensé: que complicadas somos las personas, cómo nos empeñamos en hacernos el camino tan difícil. Con lo sencillo que es todo. Acto seguido, decidí no pensar más en ese momento.

Y bueno, al fin pude desvelar lo que todo el día me había mantenido inquieta, el final de la historia de amor de Pilar, que evidentemente no os voy a contar.
Sólo os diré que me gustaría ver algún día con mis propios ojos ese río Piedra, sentarme a sus orillas, pensar, y derramar cada una de mis lágrimas con la certeza de que cómo cuenta la leyenda de éste precioso río, lo que arroje, llegará al fondo, se convertirá en piedra y se olvidará.
Mientras tanto, como dice Coelho, a trabajar, que los sueños dan trabajo.

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Te doy una canción - Silvio Rodíguez
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Vida

1 comentario:

Vane dijo...

Yo leí ese libro, me lo regaló mi hermano para mi cumple, que casualidad!!!, a mi también me gustó, y entiendo eso de desesperarte porque parece que la historia va a terminar de una manera que no queremos.

Un saludo!!!!